Metformina oral en Dermatología


La metformina es un fármaco antidiabético oral de la familia de las biguanidas, cuya indicación es el tratamiento y prevención de la diabetes mellitus tipo 2 en adultos, particularmente útil cuando presentan sobrepeso u obesidad. Fue sintetizada como molécula en 1922, y a partir de 1959 comenzó a recibir autorizaciones para su uso terapéutico en humanos en países que ahora conforman la Unión Europea.

Se trata, por tanto, de un fármaco con el que se tienen más de 50 años de experiencia de uso. Su administración produce una disminución de los niveles de azúcar en sangre (al bajar la producción de glucosa por el hígado), un aumento de la sensibilidad la insulina (al incrementar la utilización de la glucosa por parte de los músculos y las células grasas), una mejora de la calidad de vida y pronóstico de pacientes con diabetes mellitus tipo 2 (al disminuir las complicaciones cardiovasculares) y otros efectos beneficiosos (como la bajada de lípidos en sangre; una discreta función antiagregante de las plaquetas; una posible utilidad contra la incidencia y mortalidad por cáncer, y, en mujeres, una mejoría de la función ovárica -al reducir los niveles de hormona luteinizante, androstendiona y testosterona, ayuda a regular el ciclo menstrual, promueve la ovulación y potencialmente disminuye el riesgo de aborto-).

¿Por qué hablamos de la metformina en Dermatología?

Aunque se encuentra fuera de las indicaciones descritas en la ficha técnica, existen múltiples estudios que ponen de manifiesto efectos positivos de este fármaco en diferentes enfermedades y procesos en Dermatología (referencia: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/jdv.12116). Así, la metformina puede ser considerada útil en pacientes que tienen trastornos cutáneos vinculados al hiperandrogenismo (esto es, exceso de función de los andrógenos -u hormonas sexuales masculinas- sobre la piel) y a la resistencia a insulina. Por ello, hay múltiples publicaciones que la sitúan como un posible tratamiento en acné, hirsutismo (exceso de vello en zonas de distribución masculina) y acantosis nigricans (oscurecimiento y cambio de consistencia de la piel en los pliegues secundarios a trastornos metabólicos, entre los que destaca la resistencia a la insulina) que no responden adecuadamente a los tratamientos convencionales. Además de las indicaciones anteriores, también hay publicaciones describiendo su efecto terapéutico positivo en los xantomas eruptivos (que generalmente se asocian a trastornos de los niveles de lípidos), así como en la hidrosadenitis supurativa y, de forma puntual y anecdótica, en algunos tumores cutáneos.

¿Qué contraindicaciones tiene? ¿Se ha de tomar alguna precaución?

La metformina es un fármaco para el que es indispensable la prescripción y supervisión por parte de un médico.

- Está contraindicada en pacientes con alergia/hipersensibilidad a la metformina o a alguno de los excipientes, con alteraciones metabólicas graves (cualquier tipo de acidosis metabólica aguda, precoma diabético), con insuficiencia renal grave (o con situaciones agudas que puedan alterar la función del riñón como deshidratación, infección grave, shock), con enfermedades cardiovasculares (como insuficiencia cardiaca descompensada, insuficiencia respiratoria, infarto agudo de miocardio reciente, shock), y/o con problemas de hígado (insuficiencia hepática, intoxicación alcohólica aguda, alcoholismo).

- Aunque no parece que tenga efectos negativos en el feto ni en lactantes, se recomienda evitar la metformina en mujeres embarazadas o dando lactancia.

- Debe informarse a todo médico implicado en la asistencia de que se toma metformina, dado que, por un lado, puede haber algunas interacciones medicamentosas (deben emplearse con precaución determinados fármacos de forma conjunta, como antihipertensivos, diuréticos y AINEs -antiinflamatorios no esteroideos-; por otra parte, su uso con otros fármacos contra la diabetes puede potenciar el efecto de disminución de la glucosa) y, por otro lado, se recomienda su suspensión antes de realizar una cirugía.

- Dentro de sus posibles efectos adversos, se han descrito:
- Trastornos gastrointestinales: náuseas, vómitos, diarreas, dolor abdominal y pérdida de apetito. Estos son los efectos no deseados más frecuentes del fármaco y suelen darse durante los primeros días y semanas. No obstante, en la mayoría de los casos, y continuando con el tratamiento, van mejorando hasta desaparecer espontáneamente. Son estos efectos los que hacen que suela empezarse con una dosis más baja, con un incremento lento posterior si se precisa.
- Es fundamental conocer la acidosis láctica como efecto adverso (muy raro, pero potencialmente grave) del fármaco. Se manifiesta por dificultad para respirar, dolor abdominal, calambres musculares, cansancio extremo e hipotermia, seguidos de coma. Si se sospecha este cuadro, se ha de acudir de forma urgente a un servicio de urgencias médicas. Su aparición puede verse favorecida por la toma de otros fármacos que pueden alterar la función del riñón (antihipertensivos, diuréticos y AINEs), un consumo excesivo de alcohol o problemas de hígado, una diabetes mal controlada, la realización de ayunos prolongados o la presencia o riesgo de deshidratación (por diarrea o vómitos intensos, fiebre o reducción de la ingesta de líquidos). Ante cualquiera de los casos anteriores, debe evitarse o suspender la toma de metformina y consultar con su médico.
- Su uso a largo plazo puede dar una reducción de la absorción y los niveles en suero de la vitamina B12.
- No es raro que pueda modificarse algo el sentido del gusto durante el tratamiento con metformina.
- Por último, se han descrito casos aislados de alteración de las pruebas de la función hepática o hepatitis (que se resuelven al retirar el tratamiento), así como de forma excepcional algunas enfermedades de la piel secundarias a su toma.

- Si se va a indicar metformina, normalmente se realiza un análisis de sangre previo incluyendo hemograma, función renal y función hepática para verificar que no existen alteraciones. Mientras se mantenga el tratamiento y no cambie la situación de inicio, se aconsejan controles analíticos periódicos (al menos anuales).



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